[et_pb_section admin_label=”section”][et_pb_row admin_label=”row”][et_pb_column type=”4_4″][et_pb_post_title admin_label=”Título de publicación” title=”on” meta=”on” author=”off” date=”on” categories=”on” comments=”off” featured_image=”on” featured_placement=”background” parallax_effect=”on” parallax_method=”on” text_orientation=”center” text_color=”dark” text_background=”on” text_bg_color=”rgba(255,255,255,0.9)” module_bg_color=”rgba(255,255,255,0)” title_all_caps=”off” meta_font_size=”14″ use_border_color=”off” border_color=”#ffffff” border_style=”solid”] [/et_pb_post_title][et_pb_text admin_label=”Texto”]

Vivir en la Venezuela de hoy es un rudo acto de resistencia. La inflación, la inseguridad, el desabastecimiento, la impunidad y la violencia política que emana desde el poder son condiciones agobiantes que solo personas con mucha fe en la vida o con un proyecto personal muy inspirador logran superar sin derrumbarse. Las generaciones más jóvenes tratan de ver el futuro, tras la niebla que se lo imposibilita. Un halo de esperanza es el valioso testimonio, de primera mano, de una voz de esa generación de venezolanos que estrenan su adultez y no quieren renunciar a creer en el futuro, a pesar del país. Raquel Plaza, su autora, es archivólogo.

Solía ser una joven más de la larga lista de venezolanos que busca una oportunidad para irme a cualquier país suramericano que me abra sus puertas y me garantice la posibilidad de tener  una mediana estabilidad social para tener un hogar propio con un perro, un esposo y ¿por qué no? con hijos en un futuro no muy lejano. En este punto ya se dieron cuenta de que veo muchas comedias románticas y por ende he sido “influenciada por esa filosofía norteamericana de romances hollywoodenses.” Soy una más de las que piensa que tengo derecho al progreso y a la familia. Llegué al nivel máximo de desesperación la mañana de un martes de febrero estando en mi puesto de trabajo. Laboro como Archivólogo en una empresa que edifica y vende apartamentos en zonas lujosa de la ciudad de Caracas y esa mañana recibí un expediente con la todo el trámite de compra venta de uno de ellos. Mientras le hacía todo el proceso de descripción, comprendí que la única manera de obtener un apartamento mediante la compañía era ganándome la lotería y no me atraen los juegos de azar. Me di animo pensando que un apartamento viejo, en una zona menos privilegiada, debería estar en un precio mucho más accesible para mí y decidí abrir ese correo que siempre elimino por miedo, el que me llega todos los lunes de una importante empresa de ventas inmobiliarias. Error garrafal… En el buscador de la página web busqué apartamentos de 50 m2, en el Municipio Libertador con más de 20 años de edificados y la respuesta fue como un golpe en la boca del estómago: Me dejó sin aliento.  El precio para este tipo de viviendas oscila entre 20.000.000  y 35.000.000 Bs. El aporte a la ley política habitacional que me descuentan mensualmente de la nómina cubre a lo sumo 500.000 Bs. Hice mis cálculos de manera optimista, creyendo que algún banco premiaría mi lealtad dándome un crédito por recursos propios de la suma requerida y por el cual pagaría mensualmente 20.000 bs de mis ingresos. Este plan de vida (si el banco me lo aprueba) necesitaría que pusiera en segundo lugar nimiedades como comidas completas, medicinas, viajes a la playa, idas al cine, libros, gastos de celular, televisión por cable, entre otros. El cálculo arrojó que una chama como yo necesita entre 84 y 143 años para comprar un apartamento, aunque amortizaría el crédito con los aumentos salariales, las prestaciones sociales y las utilidades durante todos esos años, tendría un apartamento que probablemente no podría amueblar como deseo y quizás mis hijos hereden mi casa y mi deuda. Adiós futuro anhelado. La casa, el perro, el esposo que sepa bailar salsa y los hijos en Venezuela se hicieron una fantasía y Maiquetía pasó de ser una opción a ser una obligación porque en Chile, Argentina o Uruguay  probablemente me tarde 20 años en obtener lo mismo, sin heredarle deudas a mis hijos… Aunque sacando del plan la posibilidad de que mi futuro esposo lleve la salsa en sus venas.   “Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad.” (Jean Paul Sartre)   Dos semanas después  tuve una pequeña reunión con mi jefe, que es un chamo de 30 años muy circunspecto y con muchos planes laborales para el futuro. Viene de una familia acomodada y probablemente ya tenga su apartamento amoblado en la mejor zona de Caracas, con una cocina empotrada en mármol y un cuadro de arte abstracto adornando su sala. Es imposible que sus situaciones frustrantes disten más de las mías, sin embargo no le envidié su posición económica o social, no me sentí a menos conversando con él de profesional a profesional, no hay resentimiento social posible para alguien que decide quedarse a trabajar en y por Venezuela, a construir su futuro en medio de esta gran tormenta, cuando tiene la posibilidad de irse a realizarlo en otros horizontes. Sentí una profunda admiración por él y su valentía.   Esa tarde me fui a la UCV a reunirme con una amiga para discutir temas de nuestra profesión. Es nuestro hobby ser un poco nerds y extender la vida universitaria tanto como se puede. Cuando llegué, ella conversaba con un joven que desconozco. Dada las circunstancias de la universidad y la falta de luz de esa tarde, mi primer pensamiento fue de temor. La miré buscando señales de turbación pero no encontré ninguna. Saludé y me senté junto a ellos, y así conocí a Junior, un estudiante de la UCV. No debe pasar los 23 años, estudia Artes y aún no ha decidido si estudiará Cine o Escénicas, aunque para mí es evidente que lo suyo son las tablas. Viene de Maracay día tras día a perseguir su sueño de estar bajo las nubes de Calder siempre a riesgo de que haya otro paro indefinido, otra huelga u otro viaje perdido por algún recorte de luz que no lo deje ver sus clases. Sus maneras me dejaron entrever que es gay, no quería cortejarnos, robarnos ni secuestrarnos. Sencillamente estaba solo, sentado en un banco de la facultad de humanidades esperando que volviera la luz, que llegara una amiga que le daría asilo esa noche para no tener que regresarse a Maracay o, en su defecto, alguien con quien compartir su manera de ver el universo mientras esperaba. Transmite pasión al hablar, tiene ansias de conocer y de aprender, tiene mucha magia en sus formas, es un idealista apasionado, un humanista, una pieza de arte andante con mucho por compartir. Es una bocanada de aire fresco conseguirse a un extraño con quien hablar sencilla y profundamente, con quien conectar sin más motivo que el hecho de ser quien cada uno es. Hablamos un largo rato y nos despedimos. Quizás nunca volvamos a cruzarnos, pero ese encuentro fue inolvidable. Esa tarde me fui camino a casa sentada del lado de la ventana oyendo música en mis audífonos. Sonaba una canción perfecta para el día, para el mes… If you ever feel neglected, if you think all is lost, I’ll be counting up my demons, yeah, hoping everything’s not lost (Coldplay) Supe claramente que aunque tengo motivos suficientes para renunciar a lo que busco en mi tierra, irme no es lo que realmente deseo. Hay algo externo que me empuja a someterme a esa separación por falta de fe. Pero el pasado febrero comprendí que siempre que haya jóvenes decidiendo quedarse cuando pueden irse, que sueñan su futuro en este país, que tiene planes, metas y  esperanzas, que son transparentes y le sobran las ganas de ayudar, de trabajar, de construir, chamos que rebosan de nobleza con sus miradas limpias, que van por allí jugándose hasta el alma en cada palabra y en cada acción, no habrá necesidad de apagar la luz porque no todo está perdido. Y seguiré buscando mis sueños por estas calles. Quizás la compasión aparezca más pronto de lo que creemos. Quizás no necesite 84 años para tener mi casa ni les herede una deuda a mis hijos. Tal vez me case con un venezolano experto bailarín de salsa y dancemos sobre el suelo firme de nuestras metas cumplidas, cimentadas en el halo de esperanza de los que decidieron quedarse… [/et_pb_text][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

Originally posted 2016-03-08 11:18:13.

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