Conocer a una persona, acercarse a ella, supone abrir puertas de la vida propia y adentrarse en el laberinto de una vida ajena hasta entonces. Un laberinto y también una lotería. Nunca se sabrá qué traerá esa persona consigo. Qué dolor o qué alegría vendrán agazapados junto a ese desconocido que sonríe. Aún en este siglo XXI las chicas deben lidiar, muchas veces, no sólo los riesgos de un embarazo producto de un encuentro casual, sino con los prejuicios y estigmas por las decisiones que ellas tomen con su cuerpo. Este texto asoma una de esas historias, más comunes de lo que parecen. Su autora, Rogsel Castillo, es comunicadora social. Héctor Torres.

 

“Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”- Eduardo Galeano.

 

Por si fuera poco cruzarse en “la vida real”, nos cruzamos en internet. No es que el entorno digital sea una vía ficticia, una calle ciega, pero es un  camino subestimado. En el mismo mes supe de los casos de tres mujeres que estaban conociendo a su futuro prospecto, y el amigo en común era Tinder (una famosa red social para conocer gente). Todos se llamaban Juan, con distintos apellidos, pero esas tres mujeres tenían a “su Juan” en sus vidas. Ellas no se conocían entre sí. De todas esas historias una llamó poderosamente mi atención, una cargada de un dolor tan sublime y un aprendizaje tan profundo que, para trascender, necesitaba ser compartido.

Al menos así lo consideró su protagonista.

¿Qué pasa cuando la pastilla del día siguiente no funciona? ¿Qué pasa cuando crees que tu responsabilidad como mujer está apoyada bajo la dosis de un anticonceptivo e inclusive de un condón que puede romperse? Cuando hablamos de cuidado propio, ¿dónde están las garantías? Al escuchar esta historia es fácil sentir como se movilizan ideales, mil conceptos, valores socio-culturales y religiosos, unos impuestos y otros aprendidos. Pero, ¿qué hacer cuando creías que todo iba a funcionar?

La pastilla no funcionó.

Para Ana, de 26 años, con una carrera profesional que comenzaba a establecerse, un bebé no planificado de un hombre que no estaba en su proyecto de vida a futuro, en un país sin pañales ni leche era, simplemente, un error. Un error de 8 semanas y 7 días que constantemente le recordaban su profundo anhelo: ser madre. Dos caminos se planteaban en su interior, y me dice que si se quiere hacer una mirada superficial y fría del asunto, estaba consciente que algunos pensarían que ella escogió la opción más fácil, pero que no lidiaría con el juicio ajeno.

Tras cuidarse varias veces con preservativos, Ana, decidió disfrutar de una noche con Juan, y aplicó la solución que aseguraba un negativo del 95%. Pensó que ella jamás estaría en el restante 5%. Haciendo el recuento de esa historia que se pasea por sus ojos y se encaja en su alma, recuerda ese encuentro sexual; y surge entre sus labios la siguiente frase: “en el camino para dejar atrás viejas heridas, se abren otras para aprender la lección desatendida: valorarnos más”.

Algunos aprendizajes son, efectivamente, una muerte psicológica.

Las semanas corrían y su apetito se incrementaba, la pesadez de sus ojos, el sueño cada tarde y las extrañas náuseas cada mañana dibujaban ante su intuición la marea que estaba por alzarse. Algo no estaba bien, Ana, sentía como dejaba de pertenecer a sí misma, a su cuerpo; aquel dolor en los senos, y la hinchazón de su vientre preparaban el escenario del velo ante sus ojos: estaba embarazada.

Comenzó a cuestionarse, a repartirse mil veces que había sido responsable, pero la tecnología falló; comenzó a buscar en foros y blogs casos como el suyo, casos donde falló la prevención externa, donde falló la prevención interna. Comenzó a escuchar historias de sus pares que habían pasado por la misma situación. Comenzó a integrar una experiencia que se mese en los límites del feminismo y el tabú.

Su decisión: la aspiración de un anhelo interrumpido.

La etapa de cuestionarse duró algún tiempo. A pesar de no estar arrepentida de su decisión, Ana lamenta que para alcanzar la madurez, y el valor que tiene hacia sí misma, haya tenido que vivir un dolor tan fuerte como ese, pero dice que algunas guerras son necesarias para librar la paz.

“El útero es el segundo corazón de una mujer”, concluye.

 

 

Originally posted 2016-02-08 10:09:11.

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