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La buena noticia es que el ser humano es capaz de adaptarse a cualquier circunstancia con tal de sobrevivir. La mala, es que es termina por  acostumbrarse a lo terrible a fin de lograr ese objetivo, asimilando el concepto estadístico de la palabra “normal”. Es el caso de esta breve y dura historia que no tiene nada de exagerada en un país con altísimos niveles de violencia e impunidad. Una niña ve “normal” atrincherarse en la casa, cuidándose de las gráficas advertencias de un delincuente hacia su hermano. Tan “normal” como ser amiguita del hermano de ese delincuente. Esta poderosa y sucinta historia es de Jeanireth Palomo, magister de literatura residente en Cumaná. Héctor Torres

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Mientras Cristina buscaba el único refugio donde no alcanzarían las ráfagas de balas que les ofrecía el “Cara e´coleto”, se volvió a fijar en que no tenía una cama de cuatro patas, sino que el colchón reposaba sobre unas paletas de madera que su padre le había quitado a un camión, cuando servían de barandas. Pero en ese momento no tuvo ganas de reprocharle nuevamente a su madre por no haberle agarrado fiao un juego de country al colombiano que llamaba casi todos los mediodías a la puerta. En cambio, se quedó inmóvil a ras de suelo viendo la hilera de hormigas que se enfilaban hacia uno de los orificios del piso de tierra, mientras al hermano de su mejor amigo se le acababan las provisiones de plomo y se marchaba al darse cuenta que el primo de Cristina no se encontraba en ese momento.

Luego del suceso, que ya era algo habitual porque el padre de la chica cambiaba la puerta de zinc agujereada cada 15 o 20 días, les tocaba recoger los casquillos y calmar a la pequeña de dos años para que pudiera dormir en la noche. Entonces, como siempre, el espectáculo comunal terminaba, cada vecino volvía a su casa para continuar comentándolo en la intimidad y Cristina, junto a su madre, alistaban todo para la cena.

Para Cristina el mal rato acabaría pronto. A la mañana siguiente volvería a la escuela, pasaría por la acera de la bodega y miraría el cartelón de la casa de esquina que dice “calle La Esperanza”, sector Caigüire. Sabía que a pesar de todo, Frederick, el hermano del “Cara e´coleto” seguía siendo su mejor amigo, por lo menos 5 horas al día, de lunes a viernes.

Aunque hubiese preferido que lo fuese también los días feriados.

Originally posted 2015-09-21 12:22:27.

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