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[pullquote]La literatura no se plantea reproducir la realidad tanto como recrearla. Alimentarla de esos significados que emergen en ese espacio que se hace entre la situación narrada y la mirada de quien la cuenta. Por eso siempre dice algo más allá de lo aparente y atisba las formas que subyacen detrás de las convenciones e interacciones humanas. Esta historia narra la pequeña vida de un personaje sin talento afanado en conectarse  al poder en la estructura del partido gobernante en un pequeño pueblo, dibujando con el trazo fino que proporciona el humor agudo y un tono de parodia que casi despierta ternura, la naturaleza de ciertos tipos humanos. Indira Ramírez, su autora, es periodista. Héctor Torres.[/pullquote]

 

La acción no debe ser una reacción, sino una creación”

Mao Tse Tung

(Valla ubicada en Automotores Ipsfa, Los Proceres, Caracas)

Ese día, Marcano salió de su casa lanzando puertas y despotricando de su suerte por tener 18 años casado con Magaly, la mujer más inquisidora y criticona del pueblo, con sus ademanes de pequeña burgués que no le permitían lavar a mano un carajo.

Minutos antes y enfundado en una guayabera roja, gorra verde oliva y pantalón caqui, Marcano le había dado un toque a su indumentaria clavando en la esquina derecha del cuello de la camisa un botón redondo con una estrella amarilla sobre un fondo rojo.

Ya con los pies en la calle, marchó seis cuadras hasta llegar a la sede del partido ubicada en la avenida principal, única, del pueblo. La sede era la antigua casa de los Flores, fieles adecos que se habían mudado un par de años antes a la pujante ciudad de al lado.

En la puerta de la casa del partido había ese día dos cornetas con sonido estéreo que daban la bienvenida con los acordes de “Imagine”, de Jhon Lennon.

Una hora y media después de lo previsto comenzó la asamblea.  Era momento de dejar los chistes de doble sentido y las cervezas domingueras a un lado para escuchar al secretario general de asambleas municipales, organización, propaganda y agitación del buró político anunciar la estrategia 3×1 que sumaría en un par de semanas la victoria definitiva y aplastante del líder máximo del municipio, el señor Bracho, quien había sido alcalde antes dos veces, pero por alguna razón se le veía siempre con semblante contemplativo sentado en un banco de la plaza, en harapos, con un pie apoyado en la pared y una cerveza en la mano. 

-“¡Qué aplomo el de ese hombre!”, pensó, con admiración, Marcano.

Con desorden fueron entrando los militantes, buscando figurar lo más cerca posible del candidato.  En ese momento, alguien descolocó el cuadro de Mao Tse Tung que adornaba una de las paredes. “Cuidado”, espetó Marcano, quien corrió sigiloso a enderezar el entuerto.

Marcano era un cincuentón que pasaba 300 días al año sin trabajo y los otros 65 maldiciendo su suerte. Así, ese partido se había convertido en su coartada, su religión, una arenga vacía de ¡vivas!, la apuesta de que la suerte le cambiaría sin necesidad de esforzar sus meñiques. Y sólo por la amistad, macerada en bebidas espirituosas, que tenía con el ejemplar que aspiraba a conquistar las arcas de la municipalidad.

En el peor de los casos, pensaba Marcano —cuando el pesimismo le interpelaba por puro ocio— si la fidelidad era retribuida no más que con la adjudicación de una nueva lavadora, bien recibida sería, sobre todo por Magaly, quien de seguro bajaría la guardia, dejaría la retahíla de insultos de bueno-para-nada y volvería a quererlo sin peros.

Apenas con minutos de iniciada, la asamblea fue interrumpida por la aparición estruendosa de los cachitos de jamón. En cambote, todos se abalanzaron y no volvieron a sus lugares hasta ver vacías las bandejas.

Retomando la discusión central, neuronal y urgente del encuentro para someter a votación la estrategia del 3×1 que sumaría la victoria definitiva y aplastante del líder máximo del municipio, se abrió el micrófono para la brain-storming:

Prudencio sugirió que se tomará prestado de la caja chica una cantidad de dinero generosa para, el día de las elecciones, hacer un sancocho y una parrilla en la casa del partido. 

-“Humo para el enemigo”, gritó entre gallos y reflujos. 

Su propuesta fue recibida con extra-salivación, aplausos desbocados y un “¡Así es, les dará culillo!”.

En una esquina Marcano transpiraba y rumiaba para sí su amargura por no haber sido él el de la idea.

Haciéndose espacio entre la gente, tomó entonces el micrófono la catira Lila, quien —ante la queja de más de uno porque a punta de pelar el diente se coleó en el derecho de palabra— comenzó con un “Cálmense, compañeros y recojan sus testosteronas. Eso era en otra época. La igualdad aquí es para todos o no es para nadie”.

Acto seguido, la catira sugirió que a la idea de Prudencio se le sumará que el sancocho y la parrilla fueran responsabilidad de los hombres sin talento del partido.

Marcano saltó de su silla, pegando quejidos y girando los brazos en señal de desaprobación.

-“Cálmese, Madariaga” le dijo la catira como si el evento se tratara de un contrapunteo.

Ganado el auditorio, siguió: “los hombres con talento. Es decir, los cuatristas, cantantes, arpistas, bailarines y conversadores a lo suyo, ponerle alma a la fiesta”.  La euforia cubrió el pequeño espacio, concebido así para que las asambleas siempre parecieran contar con alta convocatoria.

De algún lugar salió un nunca antes escuchado: “Así, así es que se gobierna”.

Esa consigna  se transformaría desde ese mismísimo instante en el mantra más invocado de la humanidad según el Libro Guiness y en la frase determinante en esa campaña para arrasar con el adversario.

Ya no había nada más que decir. Todos alzaron sus manos con la señal de costumbre. La reunión se daba por terminada con la exhorta: “Si van a portarse mal, háganlo bien”. Rumbo a la licorería a celebrar el éxito de la asamblea o a la cola de gente que había en la puerta del mercado de los chinos. 

“Algo hay porque hay gente”, dijo con voz anestesiada la catira a otra camaradas.

Pero Marcano no siguió al rebaño ese domingo. Escurriéndose por las paredes, sin hacerse notar y esquivando saludos, salió de la casa del partido con pasos cortos y azarosos. Como quien tiene muchas ganas de hacer pis.

Cabizbajo, camino a su casa, pedía a Dios que hubiera luz y el internet funcionara para “googlear” —como decía su hijo con aires de superioridad— quién era ese Madariaga que a todos —menos a él— causó tanta gracia.

Para cubrir con algo de maquillaje a la ruborizada ignorancia, Marcano se detuvo en el quiosco y compró el diario deportivo con la intención de leer la columna que siempre ignoraba de breves nacionales e internacionales.

En casi 140 caracteres, sin hashtag, leyó:

Partido Comunista de China prohíbe a sus militantes jugar al golf y mantener relaciones sexuales inapropiadas con personas. ‘Esas desviaciones ideológicas’ ya no serán permitidas en nuevo código de ética, informó la agencia Xinhua”.

Bastó esa noticia para que Marcano cambiara su marcha y el ritmo de sus pasos. Se desvió al bar las Tres Sirenitas, a jugar bolas criollas y comprar el amor que le negaba su mujer, antes de que al partido local le diera por importar disciplina y obediencia partidista Made in China.

Silogismo: es una forma de razonamiento deductivo que consta de dos proposiciones como premisas y otra como conclusión, siendo la última una inferencia necesariamente deductiva de las otras dos. Fue formulado por primera vez por Aristóteles.

Originally posted 2015-11-02 10:02:35.

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