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[pullquote]Hay ausencias que son como amputaciones. Ausencias que pesan y que duelen allí, en el sitio donde debería estar esa presencia que se extraña, aunque se vuelva extraña. Como el Síndrome del Miembro Fantasma. Basándose en esa analogía como maravillosa metáfora, Oriette D´Angelo relata una breve y contundente historia acerca del fugaz encuentro de una chica con su padre. Hay historias que cuentan apenas lo necesario para exhibir la precisa magnitud de lo sentido. Esta es una. D´Angelo es poeta y abogado egresada de la UCAB (2014).  Héctor Torres. [/pullquote]

 

[C]ristina conoció a su padre cuando tenía diecinueve años. Toda su vida había estado llenando páginas de cuadernos con fotografías y datos de un hombre que aparecía junto a su madre cuando ella tenía su edad. “Es abogado”, le dijo un día su madre, una mujer de 40 años que abandonó su carrera al enterarse de que estaba embarazada. “Cuando supo que ibas a nacer se fue a vivir a Portugal”.

Creció en el seno de una familia con felicidades atrofiadas, con alguno que otro episodio de cuchillos volando por la sala y el recuerdo lejano de un abuelo muy enfermo. La ausencia de su padre representaba para ella una amputación que le hacía padecer del Síndrome del Miembro Fantasma: no estaba allí, pero le seguía doliendo.

“Se llama Pablo”, le dijo por fin un día su madre. “Pablo Cortés”. Inmediatamente, hizo lo que mejor sabía hacer por destreza generacional: buscó a su padre en Facebook. Tras teclear el nombre, lo encontró en la primera coincidencia. Ambos tenían a su madre como amiga en común. Los dedos le temblaban y sin pensarlo demasiado decidió hacer clic y agregarlo como “amigo”.Pensó en lo frágil que se podía volver la vida frente a una pantalla, en lo pequeños que se vuelven los lazos ausentes cuando pasan a través de la luz y el pixel. Allí estaba, a punto de conocer a un hombre que no había reparado en su existencia y estaba a tan sólo un clic de distancia.

Esperó sentada durante cuatro horas, hasta que por fin apareció en su celular la notificación que estaba esperando desde que nació:«Pablo Cortés aceptó tu solicitud de amistad». El corazón le latía fuerte; podría ver la vida de su padre resumida en pequeños caracteres, sabría, sin preguntar, en qué trabajaba, vería sus fotos recientes, sus relaciones sociales y hasta su manera de escribir.

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Luego de revisar su vida digital, recibió un mensaje de chat: “Hola… ¿quién eres?” Cristina miró la pantalla durante largo rato y luego respondió: “¡Hola! Soy la hija de Antonia. Antonia Fuentes”. “Ah”, le respondió. “Mándale saludos de mi parte”. Cristina miraba la pantalla fijamente. Tras unos minutos, cerró la ventana de chat. No sabía qué más decirle. Pensaba que por fin podría hablar con su padre, conocer lo que era y lo que hacía, pero él no se veía muy emocionado con el encuentro. ¿Tendría hermanos mayores a los que podría contarle sus cosas, nuevos tíos, nuevos abuelos? “¿Me dirá para viajar a Portugal a conocerlo?, pensaba. “¿Viajará él a conocerme?”

Al día siguiente encendió la computadora y abrió el chat de su padre. Quiso escribirle que lo había estado buscando desde que era pequeña y que le emocionaba mucho conocerlo, pero al hacer clic el mensaje no se envió. “Qué raro”, pensó. Al entrar en su perfil apareció un mensaje: [¡Lo siento! El contenido que intenta ver no está disponible]. Su padre la había bloqueado.

 

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Originally posted 2015-04-20 06:35:25.

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