Como padres o educadores podemos fomentar la resiliencia en los niños, es decir, desarrollar la capacidad de afrontar las adversidades y salir fortalecidos alcanzando un equilibro y mejorando el bienestar. Sin duda que muchas veces nos gustaría evitar situaciones dolorosas y difíciles a los más pequeños. Pero, estos momentos permiten tener una actitud más luchadora.

Para cultivar la resiliencia lo primero es el ejemplo, pues los niños aprenden de lo que ven ser y hacer a los adultos que les rodean, en especial a sus padres. En este sentido, los grandes podemos estar atentos a nuestras responsabilidades, particularmente a las emocionales. Quiere decir hacerme cargo de lo que sentimos frente a lo que sucede. Vivir con niños presenta sus retos. Quizás el más importante es el trabajo personal.

Cuando reconocemos lo que sentimos y expresamos ante situaciones en las que tenemos emociones fuertes somos responsables. Por ejemplo en vez de decir decir “me hiciste molestar”, tomamos la responsabilidad diciendo “me molesto cuando…” y en este punto es importante lo que hacemos ante esa emoción fuerte, es decir, cómo la gestionamos.

Reconocer lo que sentimos. A veces los adultos negamos nuestras emociones ante los niños o simplemente la minimizamos como no queriendo darle mucha importancia. Pero en ese momento, le enseñamos al niño a ocultar o no darle relevancia a lo que siente. Por ello, es importante validar la emoción que sea y que experimentemos nosotros y los niños. En estos casos podemos verbalizar lo que sentimos y alentar a los niños a expresarlos también, con respeto.

El dolor emocional debe ser asertivo. Esto significa sin exagerar, sin drama y sin ignorarlo o desconocerlo. Por ejemplo cuando los grandes decimos “no pasó nada, por qué te vas a sentir así”, “ay, pobrecito mi niño que mal la esta pasando”, sin considerar el mensaje tácito de nuestras expresiones que degeneran en una postura de víctima o de invalidez, ambas nada saludables. Por ello, reconozcamos el dolor emocional en su justa dimensión.

Para afrontar un mal momento lo primordial es aceptarlo. Cuando no podemos solucionar la situación debemos aceptar que la resolución esta fuera de nuestras manos. Por tanto, y aunque no estemos satisfechos, ni de acuerdo, podemos tomarnos un tiempo y enseñar a nuestros hijos a tomarse el tiempo para aceptar lo que ocurre.

Analizar las posibilidades que se presentan en el momento, incluso en medio de la situación que nos parece negativa. Los adultos podemos ayudar a los niños a través de las preguntas curiosas a explorar esas nuevas posibilidades y en especial a tomar un aprendizaje de la experiencia abriendo un nuevo camino, una nueva actitud y agradeciendo lo que aprendimos.

Desarrollar la resiliencia en los niños requiere que los adultos tengan con los niños una conexión afectiva respetuosa y de confianza que permita las expresiones de las emociones e intercambio de ideas durante las reflexiones. También, es importante que eduquemos para que reconozcan sus emociones y aprendan como gestionarlas. Por ejemplo, enseñar a un niño a calmarse ante la frustración, el miedo, el enojo, etc. A veces los adultos queremos que los niños se “calmen” tan sólo con decírselos obviando la necesidad de explorar qué lo hace calmar y practicar en situaciones diarias no tan exigentes como los momentos más difíciles.

En resumen educamos niños resilientes cuando enseñamos a:

  • Gestionar las emociones
  • Validar las emociones
  • Aceptar
  • Explorar las nuevas posibilidades
  • Ver el aprendizaje que deja la experiencia
  • Agradecer
  • Conexión amorosa y respetuosa

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Yomarli Bustamante

Periodista y Madre de dos niños. Promotora del Bienestar. Facilitadora de Crianza Respetuosa. Certificada en Disciplina Positiva para Padres y Maestros.
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