Votar y luchar

Votar y luchar

Aunque a alguna gente le parezca no hay contradicción entre mantener la protesta en la calle e ir a unas elecciones regionales en diciembre. Y no la hay porque precisamente es esa movilización en la calle y ese voto en la elección lo que erosiona la legitimidad del gobierno. Participar no legitima tanto al gobierno como lo debilita. Si la oposición participa y gana, el gobierno se enfrenta a dos opciones reconoce a los ganadores o no lo hace y entonces se deslegitima aún más. Se deslegitima de cara a sus seguidores de buena fe, su base de control social y de cara a la comunidad internacional. Esa deslegitimación sirve de esta manera para aumentar la oportunidad poĺítica de la oposición.

No es cierto que participar en las elecciones sea una traición a los resultados del plebiscito del pasado 16 de julio. En esa fecha se aprobó rechazar la Asamblea Nacional Constituyente, demandarle a la Fuerza Armada que cumpla la constitución y buscar las vías para un acuerdo de unidad nacional y la renovación de poderes públicos en el marco de la Constitución de 1999. Y la unidad nacional, aunque algunos les pese, pasa por entenderse con el chavismo o al menos parte de él. Pasa por cierto, por continuar haciendo política.

La alternativa, la creación de un gobierno paralelo es incrementar el conflicto en una dirección con menos posibilidades de resolución. Por qué ¿cómo mantienes ese gobierno paralelo? ¿Le vas a empezar a cobrar impuestos a la gente para mantenerlo? ¿Le vas a sacar plata a la gente que no tiene? Si no lo hace ¿Le vas a  mandar a las fuerzas del orden que te son afines para que la presione y te pague? ¿La vas a reprimir? Y cuando el gobierno decida responder a tu actuación de gobierno paralelo ¿Qué vas a hacer? Lo vas a confrontar con armas: La guerra civil. Y la deslegitimación de una oposición que termina comportándose como el gobierno o peor aún como la guerrilla colombiana en territorio venezolano.

La otra alternativa que esperemos nunca ocurra es la del terrorismo o la insurrección clandestina armada. Combatir el terrorismo de Estado del gobierno de Nicolás Maduro con terrorismo insurreccional no parece coherente al menos moralmente. Como tampoco parece éticamente coherente considerar la violencia como la vía para salir del gobierno sin dar un paso al frente.

En Venezuela tenemos historia sobre cómo la violencia deslegitima a quien quiere llegar al poder. La izquierda a la izquierda de Acción Democrática se empecinó en la lucha armada y se deslegitimó así misma como luchadora y promotora de la democracia que, además, tenía en el primer Congreso Nacional una importante representación (como militancia de AD). Y no fue hasta que bajó de la montaña que empezó a obtener verdaderos espacios de poder. En el Congreso primero y luego con las reformas en alcaldías y gobernaciones. Fue allí cuando empezó a tener verdadera incidencia en la democracia venezolana.

La lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y la independencia de la India del Reino Unido no fueron asunto de unos pocos meses. Fue un proceso en el que con cada lucha individual y colectiva el poder dominante se fue deslegitimado y la oposición tomando fuerza. Ejemplos más recientes como las revoluciones de colores o las rebeliones en oriente media tampoco se hicieron en pocos meses. El tejido social, el caldo de cultivo sobre el cual florecieron fue anterior a los impresionantes reportes de la televisión del espectáculo mundial.

¿Significa todo esto que tendrán que pasar años para que termine la dictadura de Nicolás Maduro? No necesariamente. Lo que sí significa es que no hay que desmoralizarse, hay que jugar ajedrez, hacer política, en varios tableros a la vez y entender que siempre será mejor votos que balas. Incluso en las peores condiciones. Lo que nos queda a los venezolanos es Votar y luchar.

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