Pero sobre todo para el pueblo que dice “presente”, que alza su voz, que trata de ser más que un número y ejerce ciudadanía. No importa su signo político, si se trata de un pueblo como el venezolano que hasta ahora ha apostado incluso por encima de las dirigencias de oposición o gobierno a dirimir sus diferencias en las urnas electorales.

Por eso hay que criticar la postura gubernamental que ha hecho todo lo que ha estado en sus manos para impedir el sano funcionamiento de una Asamblea Nacional ganada en su mayoría por la oposición con las reglas del juego que había definido el gobierno. Los venezolanos elegimos esa Asamblea justamente para que fuera un razonable contrapeso al gobierno. Y evidentemente, aunque esto no le pueda gustar al gobierno ese contrapeso puede incluso significar el intento de sacarlo del poder por las distintas vías que establece la constitución. Cuando la oposición logró ponerse de acuerdo para recorrer el camino del referendo revocatorio el gobierno no solo hizo la oposición natural de quien pretende conservarlo sino que sistematicamente socavó e ignoró a la Asamblea  y a todos los venezolanos que apuestan por una salida democrática de la situación crítica que vive el país y en ese camino se le sumaron el resto de la institucionalidad del Estado: El Consejo Nacional Electoral, El Tribunal Supremo de Justicia, casi todo el llamado Poder Moral.Todos se confabularon contra la voluntad democrática de lo que se ha mantenido como la mayoría del país.

Pero es imposible ver la actuación del gobierno de manera aislada. Su impedimento a la voluntad popular expresada en una Asamblea Nacional de mayoría opositora sólo era una piedra más en el camino que el gobierno tenía y tiene largo rato recorriendo con instituciones paralelas a las gobernaciones, con la eliminación de atribuciones a la Alcaldía Mayor de Caracas, con el impedimento a la realización de elecciones en universidades que supone adversas y con un entramado legal que busca convertir a buena parte del país en enemigo interno.

Además durante el gobierno de Nicolás Maduro la represión ha tenido un patrón caracterizado por detenciones arbitrarias, torturas represión de manera conjunta con colectivos paramiitares, allanamientos sin orden judicial, persecución a dirigetentes sociales y políticos, juicios militares contra civiles y una sistemática criminalización del derecho a la manifestación pacifica.

La salida a la crisis política actual era y es claramente electoral. Por eso la suspensión de la posibilidad de convocar a un Referéndum Revocatorio y, peor aún las elecciones de gobernadores para cuando estaban previstas (diciembre de 2016) convirtieron al gobierno de Nicolás Maduro a ojos de muchos venezolanos claramente en una dictadura.Especialmente en un contexto en el el gobierno renueva de manera que parece perpetua la llamada “Emergencia Económica”.

El Primero de Mayo de 2016 el gobierno optó por la huida hacia adelante, por la trampa constituyente. En un intento de poner a la oposición en un artificioso debate sobre la necesidad o no de participar en la Asamblea Nacional Constituyente.. El tiempo no hizo sino consolidar en la oposición vinculada a la MUD en su negativa a la que luego se ha sumado el llamado chavismo crítico.

Las sentencias 155 y 156 que en la práctica otorgaron al ejecutivo la posibilidad directa de legislar sin pasar por la Asamblea Nacional no hicieron sino acrecentar la crisis ante la declaración de la Fiscal General de la República Luis Ortega Díaz de que constituían una ruptura del orden constitucional. Una manera leguleya de decir que efectivamente y si usted tenía alguna duda, el gobierno venezolano actual es una dictadura. Y es que al contrario de lo que puedan pensar algunos no hacen falta miles de desaparecidos para identificar una dictadura.

Ya son más de 100 días de protesta, más de 4 mil 182 manifestaciones según reporta el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social.  A razón de 42 protestas por día en todos los rincones del país, en su mayoría las manifestaciones en Venezuela siguen siendo del tipo pacifico, con la tradicional tranca de calle como referencia importante.

Por todo lo anterior es que la consulta popular a la que están convocando para el próximo domingo 16 de julio no sólo es legitima sino necesaria. Es en si misma una demostración de voluntad democrática.

Si la oposición logra darle a esta convocatoria un verdadero carácter nacional, el gobierno tendrá una vara pública con la cual medirse.Y mejor (o peor según se mire) sus seguidores podrán ver y sentir las diferencias en la movilización y la legitimidad respectiva. Y es que la inmensa mayoría de los argumentos por los cuáles el gobierno dice convocar la Asamblea Constituyente se resuelven cumpliendo la constitución.

Por eso el próximo 16 de julio es necesario participar y hacer de ese domingo una jornada democrática de  importancia. Porque debería ser una fecha en la que todos aquellos venezolanos que votaron por la Asamblea Nacional, aquellos otros que disienten con el orden actual de las cosas y quienes creen que la solución está en los votos y no en la confrontación ratifiquen su mayoría y validen a una vez más a su legitima representación con Todo el poder para el pueblo.

 

 

 

 

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