“[…] un sentido común de la justicia es un gran haber colectivo que requiere la cooperación de muchos para poder mantenerse”.

Rawls (1979; p. 352).

 

La Teoría de la Justicia de Rawls (1979) ha dejado un legado público al reconocer el rol de la Justicia dentro de la democracia y la necesidad de una concepción compartida de Justicia no sujeta a transacciones, que establezca vínculos de civismo y que cohesione a los Ciudadanos. La Justicia como factor de cohesión se diferencia de cualquier otro elemento de unión sostenida entre los Ciudadanos por otros tipos de afinidades, intereses, amiguismos, relaciones clientelares, etc.

Dentro de la noción de Justicia, Rawls reconoce unos principios que es necesario escoger “tras un velo de ignorancia” (p. 25), acordar y aceptar de manera pública, ajenos a los intereses personales y prejuicios, porque presupone que el bienestar colectivo depende de un “esquema de cooperación entre personas iguales” (p. 348) y de un consenso mínimo para satisfacer una condición de reciprocidad. El autor considera dos principios: (i) las libertades básicas iguales de Ciudadanía. (ii) el manejo de las desigualdades económicas y sociales mediante la distribución del ingreso y riquezas que no necesita ser igual, sino ser ventajosa para todos y vinculada a empleos y cargos accesibles a todos. Sin embargo, Rawls le da prioridad al primer principio sobre el segundo, porque si bien las libertades no son absolutas y conforman un sistema, sin embargo, “las violaciones a las libertades básicas iguales protegidas por el primer principio no pueden ser justificadas ni compensadas mediante mayores ventajas sociales y económicas” (p. 68).

Podríamos interpretar que en nuestro contexto de enfrentamiento político, cada una de las partes  (posiciones) le da prioridad a uno de los principios por encima del otro: el gobierno chavista considera  prioridad el segundo principio, el manejo de las desigualdades económicas y sociales a expensas de las libertades Ciudadanas, mientras que la oposición defiende las libertades ciudadanas; pero lo más importante es que ambas posiciones representan a grupos numerosos y significativos de la población que responden a sus propias necesidades, experiencias de vida y derechos legítimos. Donde la solución no dependen de la valoración de una mayoría o minoría, sino que ambos principios son importantes, pero además como Nación, no podemos seguir posponiendo el tema de las desigualdades o atenderlo bajo modelos asistenciales o caritativos, resulta necesario transitar hacia la perspectiva de los derechos humanos e intentar conciliar ambos principios, generando formas propias, creativas y efectivas para que sin restringir las libertades, podamos atender las desigualdades. Además ambas posiciones necesitan comprender la necesidad de conciliar principios y de voluntades, de manera que sin el uso de la coerción, el poder o la violencia contra los Ciudadanos, ni la manipulación (populismo) o los pactos, sino mediante el uso de la Educación formal, no formal e informal buscar que la Ciudadanía en general comprenda los principios de la Justicia, sus implicaciones y consecuencias.

Asimismo, Rawls desarrolla la noción de desobediencia civil como un acto público, no violento, consciente y político, ante los principios de Justicia que regulan la Constitución y las Instituciones sociales para rechazar la injusticia y apela al sentido colectivo de Justicia para producir los cambios dirigidos a corregirlas. El autor reconoce que una sociedad fragmentada ante conflictos entre los dos principios mencionados anteriormente pudiera recurrir a la desobediencia civil al buscar que: “El último tribunal de apelación no es [sea] un tribunal, ni el ejecutivo, ni la asamblea legislativa, sino el electorado en su totalidad” (p. 354). Sin embargo, considera que si la desobediencia civil justificada amenaza la concordia cívica, la responsabilidad no es de lo que protestan, sino de aquellos que abusan del poder y utilizan el aparato coercitivo del Estado para mantener instituciones evidentemente injustas.

Esta perspectiva nos permite alejarnos de los personalismos, de los partidos, de los amiguismos, para percibir de una manera diferente la crisis, la política en general y superar la polarización, los estereotipos, la intolerancia, para empezar a aceptarnos, reconocernos, respetarnos y cohesionarnos construyendo nuevas redes de relaciones y asociaciones. Donde si bien como Nación, el respeto a nuestra autonomía  y soberanía son importantes, lo que implica buscar nuestras propias soluciones a los problemas colectivos, sin embargo, lo cual no constituye un obstáculo para reconocer con humildad, que los países con democracias más desarrolladas ya han transitado sobre los mismos problemas de Justicia y de los cuales podemos aprender, porque esta crisis humanitaria y humana implica la superación de profundas injusticias acumuladas en el pasado, y que esta crisis, representa una oportunidad histórica como Ciudadanos, para construir una Nación fundamentada en una concepción colectiva compartida de Justicia estable que nos permita ordenarnos como sociedad.

@morellaaranda

Rawls, J. (1979). Teoría de la Justicia. México: Fondo de Cultura Económica.

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