La constituyente y el comandantismo

La constituyente y el comandantismo

de tanto odiar a los militares, de tanto combatirlos, de tanto pensar en ellos, has terminado por ser igual a ellos. Y no hay un ideal en la vida que merezca tanta abyección…

José Raquel Moncada al Coronel Aureliano Buendía. Cien Años de Soledad.

 

Lo que vimos el domingo  30 en Venezuela no fue una elección sino algo muy distinto: la prueba beta no solo de una nueva “gubernamentalidad” o gobernanza   sino de un todo un modo de dominación que ha venido incubándose desde 2005 al menos.

Es en ese año en que el Chavismo empieza a diferenciarse tanto  de otras fuerzas nacional-populares como las que llegan al poder en Ecuador y Bolivia, como de otras expresiones de la izquierda sudamericana como Kirchnerismo argentino  y el petismo brasilero. Estos son más o menos verticalistas, más o menos autoritarios, más o menos corruptos pero están delimitados por las  formas que les impone el  Estado de Derecho, sujetos a los resultados electorales, el chavismo tardío, por el contrario, está más cerca a gobiernos como los de Erdogan y Duterte, producto de un giro autoritario más o menos progresivo.

Así, el chavismo, se ha decantado en un camino similar pero no idéntico al que se ha seguido en Cuba y Nicaragua, es algo mucho más regresivo, arcaico, que tiene en común muchas cosas con el estalinismo al estilo cubano pero también similitudes con otras tradiciones autoritarias o corporativas de Iberoamérica. Las fuerzas autoritarias y democráticas aparecen en todo el espectro político, son las pésimas lecturas marxistas y liberales del mismo las que nos piden creer en una izquierda que sería, de entrada y por esencia, libertaria o autoritaria. Una prueba de ello es el modelo del partido único cuyas variantes la encontramos desde la derecha hasta la izquierda, del Franquismo al Estalinismo pasando por el PRI Mexicano y el Partido Colorado de Paraguay: de una u otra forma, con diferentes ritmos,  lo que ha tratado el chavismo, desde 2005, es metamorfosearse en un régimen de partido único.

La aversión a todas las formas de diferencia, la confusión de todos los discursos con la propaganda, la organización vertical y corporativa de los militantes, la disolución del estado de derecho, es decir, todos los rasgos chocantes del autoritarismo que vemos formarse desde 2005 son propios de los regímenes de partido único sean de derecha o izquierda.  Las razones especificas por las cuales Hugo Chávez empezó a encaminar su proyecto en esa dirección están abiertas a la discusión, por ahora baste decir que nuestra situación actual tiene sus raíces en el nacimiento en Venezuela de una suerte de militarismo de izquierda que podemos llamar “comandantismo”.

Aunque completamente distintos en su orientación política a la de los militares de derecha el “guerrillerismo” era una forma de militarismo extrema en la medida en que proponía organizar el espacio público según el modelo de las operaciones militares y las relaciones de poder según el de la jerarquía militar, en el guerrillerismo existía ya el culto a los comandantes, sobre todo a los de la revolución cubana. El daño que este militarismo hizo a la  izquierda  fue inconmensurable y en Venezuela se fusionó con el militarismo “puro” en la medida en que surgió un grupo militar que se consideraba anti-americano,  anti-neoliberal y heredero de la lucha guerrillera: a través del encuentro de los dos militarismos, unidos en la adoración de los  comandantes y la reducción de la política a la guerra, el militarismo de  izquierda pasa a ser una suerte de máscara del más convencional nacido en los cuarteles, y aunque se rinde o se entrega a este también le transforma.

Así, si bien Hugo Chávez activó con la constituyente del 99 uno de los dispositivos democráticos más amplios de nuestra historia, este correspondió con un periodo de expansión y apertura de su movimiento y  el mismo empezó a desmontarlo tras su victoria en el referéndum de 2005: la modificación de las leyes electorales, la sustitución de los consejos locales de planificación y asambleas de ciudadanos por los Consejos Comunales, la creación del PSUV y el eclipse del Polo Patriótico, la consolidación del caudillismo mediático de Hugo Chávez, la destrucción de las instituciones que no estaban bajo el control del chavismo, la transformación de la Fuerza Armada en un partido y todo el proyecto corporativo y verticalista de la reforma constitucional de 2007 eran ya los indicadores claros de que se estaba gestando una ruptura profunda con la constitución del 99.

Habiendo fallado en 2007 su reforma constitucional, Chávez subió su apuesta  al transformar la “constitución material” venezolana, es decir, la trama de los poderes fácticos, de los intereses, por ejemplo, al darle un enorme poder a la fuerza armada en áreas como el control de los recursos del subsuelo. Pero en la estrategia de Chávez a mayor autoritarismo era necesaria mayor legitimidad: hacían falta esas masivas campañas electorales, espectaculares y rituales para legitimar la arbitrariedad posterior del líder. La condición para ello era la abundancia de petrodólares y el enorme poder afectivo, el carisma cuasi religioso,  del comandante que nunca callaba ni desaparecía de la vista.

En conjunto es un diseño corporativo, “neoarcaico” como bien dice Enzo del Búfalo, que parece una mezcla de peonia, falangismo y estalinismo. Si esto  luce  disparatado hay que pensar que se ha ido formando por una serie de decisiones muy pragmáticas, soluciones a problemas que la dirigencia chavista se ha planteado, a saber:

    • El crear un monopolio económico estatal de la producción y del consumo donde el estado –ya el mayor productor de divisas- también empieza a monopolizar las importaciones directa o indirectamente. El eje de este sistema es el monopolio del dólar pues el principal productor de divisa, que es el estado, se convierte también en el principal distribuidor directo  o indirecto de bienes. Este monopolio de la divisa y el crecimiento del sector público es lo que le va dando  al estado ese carácter de hacienda en la que todos trabajan y a la que le compran lo que necesitan en una moneda devaluada.

 

  • El agrupar, según el modelo militar, a sus seguidores. Al organizar todo en términos de divisiones, batallones, frentes, sectores, etc. el chavismo “reinventa” el corporativismo de principios del siglo XX sin que necesariamente esté bajo su influencia directa, de hecho, todo corporativismo es una consecuencia de la organización de la vida pública bajo un esquema cuasi-militar.

 

  • El poner como centro a un líder que es indiscutible, incuestionable, casi divino en su estatus que garantiza una unidad férrea y una obediencia absoluta de la militancia. Comandantismo podemos llamar al caudillismo que se agrupa alrededor de una figura militar carismática quien a su vez organiza la vida pública como un tarea u operación militar (la formación de reserva en 2007, operación más proselitista y corporativa que militar, es el mejor ejemplo del comandantismo de Hugo Chávez), es obviamente, una invención de Fidel Castro que sintetizó el estalinismo soviético con el caudillismo latinoamericano, por eso a diferencia de China o la URRSS donde el partido superó la hegemonía de los fundadores en Cuba el partido parece incapaz de sobreponerse a la influencia de Fidel, Raúl y los iniciadores del movimiento.

La situación Venezolana tiene mucho que ver con la crisis del comandantismo que es el que orientó y cohesionó al chavismo: gobernar “espiritualmente” a los venezolanos gracias al carisma del comandante,  materialmente mediante el monopolio del dólar y organizarlos según el modelo corporativo fue la fórmula de Hugo Chávez. La crisis estaba servida cuando, en menos de un año, desaparece el líder  y la abundancia de recurso. De hecho no les quedaba a la dirigencia chavista más alternativas que o re-hacer todo el chavismo desde el inicio (como pedía Marea Socialista) y replantearse su suerte en un sistema multipartidista,  o usar sus enormes “plusvalías de poder” para perpetuarse en el gobierno así fuera por la fuerza.

Desde diciembre de 2015  demostraron su carácter y vocación cuando, abandonaron definitivamente el juego político electoral y eliminaron los últimos restos del estado de derecho el salto a la tiranía se dio cuando el poder ejecutivo eliminó la división de poderes usando al TSJ.

El paso de Mercal a los Claps y el carnet de la Patria, la llegada de las OLP, la mutilación del poder legislativo, el proyecto del Arco Minero, son los signos de la nueva modalidad del gobierno que  ha emergido desde entonces, completamente divorciada tanto de las formas representativas como directas de la democracia,  modelo que  tiene 4 pilares

  1. La dependencia económica a gran escala del estado como importador y distribuidor de bienes.
  2. La servidumbre intelectual y espiritual de millones de personas del chavismo devoto conectadas a través de los medios de comunicación
  3. Las coacciones localizadas del estado y el chavismo leal a la gente en ámbitos muy definidos
  4. La represión focalizada pero arbitraria en la forma de las OLP y la “operación tuntun”.

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III

Si el gobierno, como un todo ha reemplazado al comandante como la cabeza del chavismo, ahora es la constituyente la que parece será la cabeza de ese comandantismo sin comandante. Es completamente erróneo el creer que Maduro ha reemplazado a Chávez, no habiendo una sola figura que pueda ponerse por encima de todas las facciones del chavismo el comando ha recaído en instancias colectivas que reúnen a la dirigencia de un partido cívico-militar que ha fagocitado al estado.  

Aunque por encima del chavismo, e incluso de todas las fuerzas políticas nacionales, el comandante todavía estaba confinado por la constitución: solo reformándola, torciéndola, pervirtiéndola se las arregló para ingeniarse su permanencia en el poder vía la reelección indefinida y un poder casi absoluto vía la colonización de todos los poderes públicos. La constituyente que, según los dirigentes chavistas, será tribunal supremo, legisladora, y supra gobierno es el último avatar del comandantismo sin comandante, y también la apuesta más arriesgada de este chavismo tardío.

En la combinación del poder ejecutivo con el TSJ ya estaba implícita pero era todavía imperfecta, limitada por un texto constitucional previo: ahora no solo los poderes públicos en su conjunto son tomados, fundidos, apropiados, sino que los límites mismos de la constitución desaparecen: al ponerse por encima de la constitución que creo la dirigencia chavista demuestra claramente que entra en una nueva fase, tal vez terminal para ellos, pero seguramente catastrófica para el país.

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