Causas y consecuencias de las sentencias del TSJ: Algunas especulaciones

Causas y consecuencias de las sentencias del TSJ: Algunas especulaciones

La semana pasada el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) emitió dos sentencias excepcionales que, parecieran, van a cambiar el curso de lo que, hasta ahora era un status quo relativamente estable. La primera sentencia (No. 155 del 28 de marzo de 2017) redefinió la inmunidad parlamentaria como un beneficio que ampara únicamente “…actos desplegados por diputados en ejercicio de sus atribuciones”. El fallo eliminó de facto la inmunidad de los diputados de la MUD quienes, de acuerdo a otro fallo de la misma corte, se encuentran en desacato desde enero de 2016. La segunda sentencia (No. 156 del 30 de marzo de 2017), so pretexto de dicho desacato, estableció que la Sala Constitucional (o el órgano que ella designara) asumiría las competencias del legislativo.

En términos prácticos, las sentencias simplemente ratificaron una situación que existía de facto desde enero de 2016. En términos simbólicos, sin embargo, la situación cambió significativamente. Hasta la semana pasada, cubierto bajo el manto de la democracia “formal”, el gobierno habría sido capaz de ignorar a la Asamblea Nacional, bloquear elecciones, iniciar procesos para ilegalizar partidos de oposición y encarcelar opositores con relativa impunidad (doméstica e internacional). No obstante las voces en contra del régimen habían aumentado adentro y afuera de Venezuela, hasta el momento, éstas habían sido insuficientes para impulsar un cambio significativo.

La “oficialización” de la ruptura constitucional con las sentencias del TSJ parece haber cambiado esa situación. El viernes 31 de marzo, la fiscal chavista, Luisa Ortega, denunció las sentencias y llamó a la “restitución del orden constitucional” en televisión nacional. Países como Colombia y Chile, otrora ausentes del debate sobre Venezuela, condenaron fuertemente las medidas. Mercosur firmó una resolución que exhorta a Venezuela a respetar el cronograma electoral y asegurar la separación de poderes. Y la OEA acaba de aprobar una resolución que condena los fallos, señala que los arreglos hechos a las mismas son insuficientes, y llama a Venezuela a restablecer la plena autoridad de la Asamblea Nacional.

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De las sentencias, y la reacción a las mismas, surgen dos preguntas. La primera, ¿qué impulsó al gobierno a oficializar una situación que ya existía de facto? El chavismo seguro sabe que la fachada democrática es un elemento importante de su supervivencia ¿Para qué arriesgarla sin necesidad?

La respuesta a dicha pregunta no es clara. Es posible, pero improbable, que el gobierno haya calculado mal. Algunos analistas creen que los chavistas tenían presupuestada la reacción internacional, pero no la de la fiscal. También es posible que, presionado por la reunión de la OEA que se llevó a cabo el pasado 28 de marzo, el gobierno haya querido radicalizar la situación para obligar a la oposición a participar en algún tipo de diálogo sin deseo real de negociar (o restablecer realmente los poderes de la AN). Dicha estrategia le funcionó muy bien a Maduro en septiembre del año pasado cuando el CNE canceló el referendo revocatorio. En ese momento la propuesta de diálogo tranquilizó a la comunidad internacional, dividió a la oposición y desinfló el impulso que traía la MUD.

La otra alternativa es que la radicalización del gobierno haya sido coyuntural. Hay quienes sugieren que la decisión tiene que ver con el deseo del régimen de establecer empresas petroleras mixtas y obtener nuevos créditos sin tener que pasar por la Asamblea Nacional. Esta última explicación es difícil de creer teniendo en cuenta que el gobierno podría haber hecho eso usando un mecanismo similar al que ha usado en el pasado para legislar sin la AN. Finalmente, es posible que la decisión sea el resultado de sismos al interior del Chavismo. No es descabellado pensar que, dada la precariedad económica del régimen, el Ejecutivo necesite aumentar sus poderes y/o identificar quienes le son leales y quienes no.

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La segunda pregunta importante es: frente a esta situación, ¿qué debe hacer la MUD? Esta respuesta tampoco es evidente, pero podemos adelantar algunas sugerencias. Primero, toca catalizar las rupturas del régimen. Para que haya una transición democrática es necesario que haya quiebres en la coalición de gobierno. La intervención de Luisa Ortega hizo claro que hay facciones al interior del chavismo que no están dispuestas a tolerar una radicalización autoritaria. Hay que establecer puentes con esas facciones. Cualquier posibilidad futura de una transición debe pasar por negociaciones con los sectores más moderados del chavismo. Segundo, la oposición debería aprovechar la coyuntura y el apoyo internacional para presionar al gobierno.

Imagen de la Toma de Caracas, Cortesía MUD

Yo dudo mucho que la situación termine con la renuncia de Maduro, pero es posible que, dada la combinación de presión e incentivos adecuados, se logre que el gobierno le devuelva todas sus facultades a la Asamblea Nacional. Un resultado nada despreciable, teniendo en cuenta la situación en la que se encuentra la MUD. Tercero, hoy más que nunca las diferentes facciones de la MUD tienen que coordinar. Esta es una oportunidad de oro. Después de mucho esfuerzo, la oposición finalmente tiene la atención y el respaldo de la comunidad internacional. Dicha atención y respaldo, sin embargo, no son indefinidos. La MUD debe actuar rápido y en sincronía; decidir ágilmente qué quieren sacar de esta situación y cómo planean lograrlo.

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Finalmente, es importante moderar expectativas. Si se moviliza a la gente prometiéndoles que el presidente va a renunciar y no lo hace, la MUD corre el riesgo de erosionar aún más su nombre y capacidad de movilización. Empujar la salida de Maduro usando únicamente la calle es una empresa inútil y va a jugar a favor del gobierno. Es más sensato plantearse objetivos más pequeños que empiecen a construir un camino más certero de transición.

Es evidente que los eventos de la semana pasada en Venezuela marcan otro quiebre en la difícil situación que vive este país. De qué magnitud es ese quiebre, es algo difícil de predecir. La respuesta depende de la agenda del gobierno así como de la reacción de la oposición. Yo no creo que esta situación obligue a Maduro a renunciar, y no creo que dicha renuncia sea necesariamente la mejor alternativa para fomentar una transición democrática. Sin embargo, si la MUD logra catalizar la ruptura del chavismo, la movilización interna, y la atención internacional es posible que logre objetivos moderados como devolverle los poderes a la Asamblea y, de pronto, la renuncia de magistrados clave del TSJ.

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Laura Gamboa

Soy Colombiana, historiadora de la U. Nacional y candidata a doctorado en Ciencia Política de la U. de Notre Dame. Estudio temas que me apasionan como la democracia, las instituciones y los partidos políticos en América Latina,más específicamente, Colombia y Venezuela. Optimista por naturaleza no pierdo la esperanza de que mi trabajo ayude a construir un país mejor.
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Roda Saab Ganam. Empresario parte del entramado de Samantha Gray.
Highfrancys Herrera. Empresaria parte del entramado de Smanatha Gray y Candidata a la Asamblea Nacional por el PSUV.
Mary Luz Gianetti. Empresaria parte del entramado de Samanta Gray.
Samantha GRay en la portada de la revista Caracas dónde confirmaba su relación con Graterón.

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