Más de setenta días de protestas se acumulan, a la vez que restan 48 para la elección de la constituyente del gobierno, cuando esto se escribe. El conflicto se escala, el TSJ desestima el recurso de nulidad de la convocatoria a la ANC interpuesto por Fiscalía, alegando una “inepta acumulación de intensiones”, allanando el camino para que uno de estos días, se designe un nuevo Consejo Moral Republicano y con él, la Asamblea Nacional nombre un nuevo Tribunal, se desconozca a un gobierno que ha abandonado sus funciones, se nombre uno nuevo, de transición, y se ordene a la Fuerza Armada Nacional defender a la Constitución y a las instituciones del Estado que a su vez, la defienden, generando con la secesión, el escenario de una guerra civil.

Mientras ello no ocurra, mientras la situación no pase de ser un argumento –esgrimido, o enfrentado- a la hora de una hipotética negociación, conviene ir mirando las cosas que pasan, pues sí pasan.

En otro texto sosteníamos que en una diatriba donde la filiación política está dividida en cinco grupos, pretender la supremacía de uno contra la tiranía luce como un despropósito; que es necesario construir una opción que constituya un marco de identidad que los integre, y este no puede estar supeditado a la aceptación del liderazgo opositor presente, declarando como superflua esa exigencia (una “frivolidad de académicos” se ha dicho); porque al hacerlo, se ejerce una violencia tan cruel como la accionada por la represión: la de negar los derechos políticos de las minorías, o peor aún: la de negarle identidad al pueblo, ahora consagrado en rebelión.

Que los bandos articulen fuerzas vivas, pie de fuerza militar y lobbys de incidencia internacional distintos justifican por sí solos la necesidad de articular. Para el chavismo supone encontrar la vía para producir el deslinde de la tiranía, oportunidad que la brinda el accionar de la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz y para la oposición la posibilidad de construir consenso más allá de sus filas. El chavismo disidente suscribe el documento Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela. Mirar a Venezuela, más allá de la polarización, que reúne la firma de connotados intelectuales de izquierda del país, la región y el mundo, en lo que quiere ser un recurso para sortear las solidaridades “ideológicas” con el régimen. Y parte de la oposición presenta, a su vez, el documento Por una salida pacífica a la crisis: no al fraude constitucional, suscrito por el grupo promotor de la iniciativa Transición Pacífica y Democrática, que reúne a personalidades académicas, sin distingo de sus afiliaciones políticas.

Ya sabemos que ninguna opción política para salir de la crisis en el país puede dejar de considerar a la Fuerza Armada como actor político si quiere ser viable, como tampoco puede desestimar el concurso de fuerzas internacionales que se alinean en los distintos tableros geopolíticos. Rocío San Miguel advierte en una entrevista reciente, el riesgo de división en la Fuerza Armada frente a la opción de una salida negociada, acaso motivada por el entramado de “incentivos” que el régimen ha establecido para garantizar su apoyo. “Quizá no estén percibiendo –sostiene- los mandos militares, con capacidad de cambiar el status quo, una alternativa real de poder en los líderes que encarnan la oposición. Lo que está sucediendo en la FAN en mi opinión no es una conspiración militar contra el gobierno. Es otra cosa más peligrosa. Y es que en el marco de un escenario generalizado de rebelión popular, la FAN pueda dividirse. La transición en Venezuela tendrá que lidiar con tres temas conflictivos asociados a la FAN: el narcotráfico, la corrupción y la violación de derechos humanos. Hay experiencia comparada que nos indica que es posible enfrentar una transición a pesar de estos crímenes, a través de la restructuración del sector, mecanismos razonables de justicia transicional, recuperación por parte de la FAN del monopolio de la defensa militar del país y de las armas del Estado, y control democrático, entre otros aspectos”

Otro tanto nos advierte Pedro Nikken, ex presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, cuando reclama –también en entrevista reciente- “¿Qué pasaría si Maduro y El Aissami aparecen en televisión está noche y dicen renunciamos? ¿Va a haber unas primarias en la oposición para saber quién va a ser el presidente? ¿Qué plan de gobierno se va a seguir? ¿Cuáles son los primeros pasos que dará ese nuevo gobierno, aparte de liberar los precios y restablecer la Asamblea, en concreto para gobernar a Venezuela? ¿Qué es lo que se va a hacer? Venezuela necesita, clama, por una esperanza. Una esperanza no se crea a carajazos. La rebelión es un derecho, pero tienes que tener la alternativa clara. En la oposición no se ha articulado la opción política, ¿Cómo se arma un gobierno que rescate al país? ¿Cuál va a ser la política económica de urgencia? ¿De dónde se van a obtener los recursos extraordinarios para sostenerlo? ¿Cómo se va a resolver el problema del hambre y la escasez a través de la cooperación internacional? ¿Cómo se va a reestructurar la justicia sin incurrir en los mismos vicios que potenció el chavismo? ¿Cómo se va a armar el Estado y cuál es la visión de estadista que hay? Yo no veo esa visión de la transición. Nadie la dice. Y eso me parece que es suficientemente significativo”.

Así que, si la Mesa de la Unidad democrática aspira a una unidad superior deberá crear el espacio para que esta sea posible, sacar a la calle la discusión por el proyecto nacional y generar tanto una agenda de compromisos como una hoja de ruta que le dé viabilidad política a lo que el pueblo se juega en esta rebelión.

@cardelf

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