Una hegemonía fallida

Una hegemonía fallida

Tuvieron ocasión de hacer las cosas bien, pero detrás de las declaraciones de principios no había una voluntad real ni capacidad de hacer las cosas bien. Más allá de la demagogia populista, no había otra cosa que la toma del poder para su beneficio propio, para saciar viejas carencias, terrores que arrastraban como fantasmas arrastran pesadas condenas. El sectario espíritu de logia de los militares cazó a la perfección con el cerrado espíritu de logia de los ñángaras, y pusieron en los cargos a la gente por ser “leal”, por ser “cuadro”. Repartieron cargos entre obedientes y lisonjeros.

Para ser coherentes con su prédica, si algo pudo (y debió) hacer el chavismo durante el tiempo que les tocó gobernar, fue hacer todo posible para reducir la brecha entre los más ricos y los más pobres, que es lo que hace un país sensato para que haya justicia y paz social. Que los pobres no fuesen tan pobres y que los ricos no fuesen tan ricos, en proporción unos de otros.

Pudieron haber invertido en educación básica de calidad, pero prefirieron la demagogia de obligar a los colegios a aprobar a todos los alumnos, con mérito para ello o no. Pudieron haber estimulado unas condiciones de vida dignas a través del trabajo honrado y la capacidad de ahorro, pero prefirieron avivar el resentimiento y repartir limosnas. Luego de 17 años de chavismo hay ricos escandalosamente más ricos que antes, mientras que los pobres conocen una pobreza cada vez más miserable y calamitosa. Luego de 17 años de chavismo, los derechos humanos son más pisoteados que nunca y cada vez se garantizan menos.

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La educación y la salud es cada vez más cara y de peor calidad. La seguridad ciudadana está privatizada. Las caravanas de colosales camionetas blindadas de lujo atravesando las avenidas de la ciudad, para desplazar a los poderosos, son una vergüenza, una muestra del más rotundo fracaso social, político y económico que fue una revolución que prometió justicia.

Lobbys, publicidad pagada en diarios del mundo, palangristas contratados con las divisas que nos negaban a nosotros, “asesores” extranjeros, muestras de apoyo popular con público de cartón piedra pagado (y, en ocasiones, trasladado) para fingir un fervor que tampoco fue tal. Una estafa monumental para incautos.

Un grupo en el poder que se aisló de la ciudadanía, y que no logró vencer ni siquiera los complejos y el resentimiento que sentían hacia lo establecido. No se pudieron ayudar ni a ellos. Sólo se hicieron ricos, pero no establecieron un sistema nuevo en ningún ámbito de la vida social del país. Nada digno de recordar, además una prédica sin coherencia en su actuación. Sus “luminarias” se jactan de haber estudiado en importantes universidades europeas. Buscan voces extranjeras célebres que los validen. Puro complejo imperial.

La historia de la revolución bolivariana es la historia de la gran paradoja de un grupo de fanfarrones que se gastó una fortuna (nuestra, por cierto) en propaganda y en estrategias, para lograr una hegemonía que nunca fue. Luego de una cifra sideral gastada en propaganda, en acabar con el capital privado no alineado con ellos, en fundar diarios y medios que los alabaran, en amordazar la prensa no obediente, en expropiar canales de televisión y emisoras de radio, creando otras de pura propaganda las 24 horas del día, luego de utilizar los recursos del Estado en hacer campañas electorales a su favor, luego de comprar voluntades y crear una irresponsable burocracia estatal con ánimos puramente clientelares, jamás lograron comprar a una parte importante de la sociedad venezolana. Un enorme porcentaje de los venezolanos resistió sus halagos, primero, y sus amenazas, después. Y sus abusos y coacciones. Los resultados electorales demostraron siempre que al menos el cuarenta por ciento de la población se resistió a darles un cheque en blanco para que hicieran lo que les viniera en gana con el país de todos. Nunca tuvieron esos soñados diez millones de votos, que se convirtieron en una de esas mentiras que repiten hasta creérselas ellos.

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El ámbito cultural lo muestra. Es un caso extrañísimo y digno de estudio, cómo teniendo los recursos del Estado, en un país con una industria cultural incipiente y pequeña, nunca tuvieron de su parte al grueso de los creadores reconocidos en las diversas disciplinas artísticas. bodrio como El Caracazo fueron un estruendoso fracaso de taquilla. Su Feria Internacional del Libro parece más bien un evento sin trascendencia real, opacadas por pequeñas ferias municipales.

Que luego de todo el dinero invertido en propaganda (permanente y electoral), compra de voluntades, pagos a celebridades, populismo irresponsable y en creación de medios “públicos” de comunicación, que el chavismo se niegue a contarse en un referendo con reglas claras, siendo una figura introducida en la Constitución que ellos se jactan de ser la mejor del mundo, es una muestra enorme del fracaso que supone, en las sociedades actuales, esas utopías de la hegemonía comunicacional.

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Héctor Torres

Narrador y promotor literario. Autor de los libros de cuentos El amor en tres platos (2007) y El regalo de Pandora (2011), de la novela La huella del bisonte (2008) -finalista de la Bienal Adriano González León 2006-, del libro de crónicas Caracas muerde (PuntoCero, 2012) y de Objetos no declarados (PuntoCero 2014). Fundador y ex-editor del portal www.ficcionbreve.org.
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Roda Saab Ganam. Empresario parte del entramado de Samantha Gray.
Highfrancys Herrera. Empresaria parte del entramado de Smanatha Gray y Candidata a la Asamblea Nacional por el PSUV.
Mary Luz Gianetti. Empresaria parte del entramado de Samanta Gray.
Samantha GRay en la portada de la revista Caracas dónde confirmaba su relación con Graterón.

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