La tenaza

La tenaza

En Abril Freddy Guevara dejó claro que el objeto de las protestas era alterar la normalidad y que su objetivo era irse preparando “para convocar un paro cívico”. Lo que Guevara parece no entender es que, para la gente del común, la normalidad se ha perdido hace mucho y hasta los aspectos más sencillos de la vida son impredecibles. El gobierno, por su parte, en vez de anunciar el calendario electoral que todo el mundo estaba esperando decidió auto-convocarse para una “asamblea constituyente” donde, de entrada, nos dicen que se reservarán la mitad de los escaños vía elección sectorial en instancias como los consejos comunales, una burocracia impagada e informal, donde el chavismo predomina: “paro” y “constituyente” esta es la tenaza que aprisiona a la gente del común en Venezuela.

Ante la gravisima crisis y la evidente negativa del gobierno a celebrar cualquier tipo de elección habría sido de esperarse que el país se lanzara de brazos ante una oposición que exigía elecciones generales y un canal humanitario y en parte así fue: las manifestaciones de los últimos 50 días han sido de las más grandes vistas en Venezuela y, en efecto, cumplieron con funcionar de contra-fuerza ante el gobierno que, parece, se rehúsa a abandonar el poder sea en 2018 o en cualquier otro momento: la represión indiscriminada a manifestantes pacíficos y violentos, el despliegue descarado de grupos parapoliciales, el conteo creciente de muertos y el uso indiscriminado de tribunales militares son signos claros de un rumbo autoritario y la MUD, una colección de políticos deslucidos y desprestigiados parecía estar, finalmente, sirviendo para algo.

50 días

Pero que ha pasado 50 días después: no solo empieza a hacerse evidente que las protestas no tienen suficiente fuerza para cambiar la situación, no solo empieza a manifestarse el cansancio por las mismas sino que han ocurrido centenares de saqueos que han empezado a desertificar las ciudades del interior del país, numerosos episodios de violencia interpersonal, incluidos linchamientos y y varias “microrebeliones” locales han devastado poblaciones del Tachira y los Altos Mirandinos. En varias localidades el transporte público ha sido paralizado ante las amenazas de grupos anónimos. Este lunes la MUD tuvo que salir a aclarar que no estaba detrás de los llamados a Paro que se venían haciendo a pesar de que antes han dicho que si quieren un paro.

La situación es evidente: el antichavismo, que en Venezuela monopoliza la oposición, está repitiendo una vez más su ciclo de agotamiento y frustración. Como siempre sus seguidores más extremos se habían planteado la salida del gobierno en días -menos de 8 decían- y se encontraron con que ello era imposible. En ese contexto la campaña para legitimar los supuestos “escraches” -pronto vueltos linchamientos- y el uso de las bombas rellenas de excrementos ya eran indicios de una frustración creciente que se ha manifestado ya claramente con el surgimiento de Guarimbas la semana pasada y los intentos de lograr, por la fuerza, un paro, intentos a los que las autoridades de universidades como la UCV se han sumado al tratar de vaciar el campus universitario.

Este ciclo de frustración e impotencia nos es bien conocido como típico de la “política” antichavista. Obviamente la actual situación no emerge del vacío sino de décadas en los cuales la “oposición” ha sido completamente inútil e inoperante tanto en las protestas como en los gobiernos regionales y en la Asamblea Nacional: no olvidemos el Golpe de Abril, no olvidemos como, estúpidamente, se abandonó el poder legislativo por 5 años dejando que Hugo Chávez gobernase a sus anchas como un reyezuelo, no olvidemos que la gestión y las prácticas de los gobernadores de oposición apenas difieren de las de los chavistas.

Así, el gobierno se ha inclinado cada vez más hacia el absolutismo y el autoritarismo y la oposición ha sido completamente inoperante a la hora de impedírselo. Pero estas olas de frustración en que el antichavismo desciende a la violencia tumultuaria las hemos visto antes: 2003, 2006, 2014, cada vez peores… la diferencia en 2017 es que los dos polos de nuestra vida política han entrado en una sinergia peligrosisima pues ninguno le deja al otro más opción que “radicalizarse”: a estos patéticos políticos de “oposición” como Ramos Allup y Capriles Randonsky, que hace poco estaban ilusionados con elecciones regionales y presidenciales se les ha cerrado toda vía y obligado a tomar posiciones semejantes a María Corina Machado, de la misma manera, el desborde de la violencia tumultuaria -nada menos que saqueo y linchamiento- no sirve para otra cosa que como justificación de la represión del gobierno: queda claro que en la polarización cada bando se empeña en cumplir sus propias profecías.

Polarizados

Nada desnuda de forma más clara la naturaleza del chavismo que la forma como sus “militantes” legitiman o mistifican la violencia estatal y para estatal. Nada desnuda la naturaleza del antichavismo como los linchamientos que hemos visto en los últimos días: cada uno es el “enemigo malvado” del otro y encuentra la justificación en el para una venganza infinita: tener derecho a matar a golpes a alguien porque se parece a un político, tener derecho ejercer un poder ilimitado sobre la gente y preguntarle en que partido milita para darle una caja con comida, comportarse con todos como si le debieran algo, turba, fanatismo, tumulto, esa es su esencia.

No debe extrañarnos entonces, que las acciones sean tan poco convenientes respecto a lo que, supuestamente, quieren lograr. En los Teques Capriles acusa de los saqueos a los “colectivos” pero no desplegó a Polimiranda para impedirlos, el alcalde Garcés se los atribuye a “terroristas de la derecha” pero la Guardia se desplegó luego de que habían ya ocurrido: uno tiene tantas razones para pensar que la oposición promovió los saqueos para impulsar su “paro” como que el gobierno lo hizo para desprestigiar las protestas, pero lo más probable es que estos no sean otra cosa que el producto de una estratégia de la desesperación y el resentimiento en un país cada vez más anómico que está viendo emerger un gremio de saqueadores que siguen, como chacales, al conflicto político.

Uno podría decir como, detrás de la propaganda del ciudadano movilizado, propietario privado de su libertad ha estado siempre el esnobismo, el clasismo, la violencia tumultuaria y la propensión a sacarle provecho al estado, como detrás de la del pueblo soberano, está la perdida de toda autonomía, la dependencia al estado y el odio activo a todo lo que no es lo suficientemente chavista, pero en lo concreto es evidente que las acciones de unos y otros no pueden entenderse dentro de la lógica que, supuestamente, siguen: la de la “oposición” sería insurreccional pero ¿como contribuye a la caída del gobierno que la gente no pueda salir de su casa o que las ciudades se queden sin alimentos? ¿es que la destrucción de las condiciones de vida de la población afecta en algo la capacidad del gobierno de funcionar, de recibir petrodolares y desatar su represión cuando le parezca?

En el antichavismo, que es tan apolítico como el chavismo, se ve la “rebelión” como algo enteramente negativo que no produce más que caos o desorden . Pero de hecho las insurrecciones son anormales, excepcionales, pero no anómicas: en rebeldía o no, la gente tiene que comer, tiene que recibir atención médica, tiene que vivir cierta cotidianidad y lo que la “resistencia” al estilo de la guarimba hace es, simplemente, cerrar unas calles, paralizar la vida cotidiana y enfrentarse con los policías y militares que probablemente las toleran para que la gente quede hastiada de ellas. Su única esperanza es expandirse como un virus en pocos días para que el gobierno quede sobrepasado por la situación en un país paralizado, por eso en la racionalidad de la guarimba todo aquel que no está totalmente y todo el tiempo sumergido en la resistencia es un “traidor”.

La parálisis, el paro, el cierre, son acciones meramente negativas que afectan al gobierno indirectamente pero tienen, como primer objetivo, a la vida de la población. Pero por su naturaleza la guarimba no puede durar mucho y no tiene esperanza si no se expande viralmente y de una vez, así que desde 2006, se repite la misma situación: los guarimberos, los partidarios del “cierre” del paro de lo negativo, se quedan aislados ante una población que, por un lado, no quiere renunciar a su normalidad ni sumarse a ninguna lucha, y que, por el otro, razonablemente no ve futuro en acciones que, día tras día, se ven manchadas por violencias cada vez peores y más innecesarias como los saqueos.
No es fácil concebir una estrategia para combatir un gobierno con tantos recursos, tanto poder, después de tantos años de desmovilización y desinistitucionalización, pero por su naturaleza puramente resentida, negativa, antitética, el antichavismo es la fuerza menos indicada para hacerlo. Más aún, su propensión a lo reactivo, al resentimiento, a la producción de caos y desorden es un signo de lo que todos sabemos: que tiene demasiado en común con su “enemigo malvado”: en concreto su propensión al desastre, a la entropía, la descomposición.

La política de la descomposición

En efecto, podríamos dar decenas de ejemplos de como el chavismo no supone un poder que discipline u ordene. No es un autoritarismo convencional que imponga cierto orden así sea uno muy malo: aumento de homicidios, quiebre de empresas, circulación de armas de guerra, privatización de cárceles al crimen organizado, fuga de capitales, estafas con dolares, proyectos fallidos e interrumpidos, el desastre cotidiano que es la burocracia…todos estos signos nos gritan que el chavismo siempre ha sido un generador de desorden, de desastre, de perdida de recursos, energía, información…la novedad, en el gobierno de Nicolás Maduro, es que esto ha pasado a ser de una suerte de subproducto a una estrategia: las colas, las dificultades cotidianas, las carencias han pasado a ser mecanismos de ejercicio de poder
¿Para qué reactivar Mercal y PDVAL si se pueden usar los claps que hacen a la gente dependiente del gobierno?, ¿Para qué llevar la paz y el estado de derecho a los barrios si se puede hacer una OLP demostrándole a honestos y criminales que el estado es el que tiene el poder de fuego superior? ¿para que crear un tejido productivo si una sociedad importadora es dependiente del suministro de dolares del estado?. Quebrar empresas públicas se ha hecho un método de los cleptócratas para enriquecerse, dejar crecer la violencia en los barrios en un método para desmovilizarlos, la escases de alimentos y medicinas uno para que la gente tenga que depender y “dar gracias” al gobierno por obtener las cosas más básicas.
Varios libros y varias investigaciones harían falta para explicar este proceso de descomposición, de emergencia del estado fallido en que está comprometida toda la dirigencia politica, pero hay una cosa que está clara: en la medida que existe una enorme separación, enajenación podría uno decir, de la “clase política” con el común de la población, en la medida que no existe un movimiento democrático autónomo que pueda presionar, “gobernar a los gobernantes” (y más aún, recomponer e institucionalizar) hay muy poco que pueda siquiera mediar o contener ese proceso: con la panza llena, detrás el vidrio blindado, y con las cuentas en dólares vive la clase política, en un mundo completamente distinto al nuestro: hablan de sus drones y muestran su casa en revistas del corazón, tienen a sus hijos estudiando en París o haciendo videos de Reggaetón y por eso pueden hablar tranquilamente de paro o guerra civil porque su relación con esos eventos son los que tiene un jugador con juego de video y nosotros somos, solamente, las figuritas en la pantalla.

¿Alternativa?

Las condiciones en que este bipartidismo fallido que es la polarización no terminara en el enfrentamiento continuo reposaban en un precio del petroleo excesivamente alto y en el carisma de Hugo Chávez. Y en efecto el primero permitía que la sociedad se apaciguara en el consumo y la simulación de prosperidad y el segundo era el que, curiosamente, sabía establecer un limite entre la lógica de la democracia representativa y la mentalidad de partido único del chavismo. En las condiciones actuales nada impide que el enfrentamiento constante de los dos bandos nos haga caer en una espiral de deterioro y descomposición en que todo, desde la guerra civil, la intervención internacional, la hambruna, etc. son escenarios posibles o incluso potenciales.
En estas circunstancias el desdén moralista por la actividad política no servirá de nada. Tampoco el no tomar posturas sobre la situación actual: es un hecho que el chavismo busca perpetuarse en el poder indefinidamente y que la forma de la MUD de oponersele no está funcionando ya y que podemos entrar en círculos viciosos de represión y guarimbeo, tal vez en una situación semejante a la de Colombia en los cincuentas.

Ante esto, los llamados a dialogo o armisticio no bastan o solo sirven tácticamente: La única salida -probablemente imposible- es crear un movimiento democrático autónomo, la causa común de la gente del común, y formular una estrategia, no solo para recuperar los mínimos de democracia sino contra la politica de la descomposición y la destrucción de la que forman tanto las guarimbas, los llamados a paro y los saqueos como los Claps y la represión brutal e indiscriminada. No solo se trata de conquistar relaciones democráticas en un país no solo anti-democrático sino apolítico sino una lucha por la calidad de vida en su sentido más literal, lucha independiente de la razón de estado o las agendas políticas particulares que no será fácil y tomará tiempo, que requerirá enfrentarse a dos formas simétricas de autoritarismo y tomar posiciones, al parecer imposibles, contra estrategias al parecer contrapuestas -pero en realidad sinérgicas- como la “constituyente” y el “paro”.
Esto es, probablemente imposible pero debemos intentarlo: si lo hubiéramos hecho hace años, probablemente no estaríamos indefensos como lo estamos ahora.

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