Diálogo serio

Diálogo serio

En la carta que el papa Francisco envía a la Conferencia Episcopal Venezolana en respuesta a la misiva que le enviara el Movimiento Estudiantil, este expresa su dolor por los muertos, su preocupación por el mantenimiento de las condiciones de la violencia, toda vez que aboga por insistir en la búsqueda de la paz a través de un “diálogo serio”. Es de suponer que un dialogo serio es el que sostienen personas serias, que argumentan con propiedad, respetan –aunque disientan- del argumento en contrario y avanzan hacia la construcción de acuerdos que garantizan empeñando su palabra; esa es una manera de entender la seriedad del asunto, la otra se basa en encontrar la escala correcta del problema para que se produzca este diálogo y es allí donde este escribidor ve los mayores riesgos de esta hora: en que las partes no estén hablando de lo mismo y al no hacerlo confundan en vez de esclarecer.

Antes de que el Presidente decidiera convocar una Asamblea Nacional Constituyente -es bueno recordar- el conflicto de poderes del Estado se escaló por el desconocimiento del ejecutivo y del poder judicial de las competencias y autonomía del legislativo, al punto de que el Tribunal Supremo de Justicia llegó a suprimirle sus funciones con dos sentencias que luego corrigió, que es lo que denuncia el legislativo como ruptura del hilo constitucional, que fue reconocida por la OEA. Antes de eso, los partidos de la oposición que hacen vida en la MUD hicieron trámites para convocar el referéndum revocatorio presidencial, trámites que no contaron con la debida diligencia por parte del CNE y que fueron paralizados por denuncias de fraude y recursos interpuestos por tribunales regionales, que ocasionaron protestas masivas, una primera convocatoria al diálogo entre partes con acompañamiento internacional y unas primeras condiciones no cumplidas por parte del gobierno. Antes de eso, el TSJ declaró en desacato a la Asamblea Nacional y no lo levantó aunque este cuerpo hubiera desincorporado a los diputados elegidos por el estado Amazonas, cuya elección fue cuestionada también bajo acusación de fraude. Y así se fue escalando el conflicto: lo que comenzó como una maniobra para romper la mayoría calificada de la AN terminó en una secesión del Estado: lo que tantas veces se describió como guerra civil de baja intensidad, ahora tiene la situación de nudo hecho.

La convocatoria de Constituyente –se argumenta- es una propuesta del ejecutivo para evitar una guerra civil, pero además de no gozar de legitimidad suficiente, parece una elección del ancien regimen, donde se privilegia el sentido de corporación sobre la universalidad del voto. Claro, en última instancia este problema se podría resolver estableciendo un quorum para la toma de decisiones e incorporando el método D’hont que consagra la representación proporcional de las minorías. Pero ese no es el problema de fondo, sino la finalidad de la convocatoria y la preexistencia de un temario anclado a los objetivos del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2013- 2019, mejor conocido como Plan de la Patria, con lo cual, la sospecha de que el planteamiento de una constituyente corporativista tenga más que ver con la continuidad del proceso que con la solución de la crisis, es algo más que un ejercicio académico o una concesión a la teoría de la conspiración.

¿Por qué el régimen sacrifica la ventaja estratégica de tener un contrato social progresista expresado en la Constitución de 1999 y propone un “barajo completo” resultante de la aprobación de una nueva constitución? ¿Por qué el gobierno en lugar de bajar los costos de negociación los eleva al punto de volver irrisorios los costos de represión, solo cambiando de contexto el problema? Si están actuando por la adecuación de los medios a los fines, cabe esperar que lo hagan por un fin mayor. ¿Y cuál puede ser? Este escribidor es de la opinión de que este fin lo encontraremos en el nivel supranacional, como actor en el juego geopolítico global: así lo están entendiendo en la comunidad internacional, aquí todavía no, y si lo entienden y no lo dicen, hacen parte del problema.

Si se va a profundizar la búsqueda del dialogo serio creo que es necesario dejar de nombrar el trastorno por sus síntomas y pasar a darle nombre de enfermedad, so pena de que a falta de un buen diagnóstico el tratamiento, lejos de curar, empeore la condición del paciente.

 

Carlos Delgado Flores

Periodista. Profesor universitario padre de familia.
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